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Cerdeña Paraiso de aguas cristalinas

Paraíso de aguas cristalinas”, es la definición turística más común de la isla de Cerdeña.  Quizás la descripción más real sería algo más larga y
abarcaría varias líneas. Condensarlo en una sola frase comercial, sería
algo así como “Paraísos para todos los públicos”.

A Cerdeña se puede llegar por tierra y por mar. La ruta marítima empieza
y termina en Puerto Torres, localidad que tan solo es un punto de
arranque, y de la que se puede uno olvidar rápidamente. Nulo interés
turístico.

Una buena opción sería la de cruzar toda la isla por la autopista E-25 y
empezar a descubrir los paraísos por el sur. A mitad de camino, se
puede parar en el pueblo de Abbasanta, y reponer fuerzas en la taberna
de Valentina, a pie de carretera. Acogedor, barato y excelente cocina.
Cerca de Abbasanta se encuentra el Nuraghi de Losa, uno de los más
importantes de la isla.

La ciudad de Cagliari, capital de la isla, es una ciudad más interesante
de lo que  a primera vista parece. Gran parte de sus murallas
permanecen intactas, y contemplar el reflejo del sol mediterráneo
reflejado en sus piedras, es una maravilla. Alguien la llamó la
“Jerusalén Blanca”. Subidas y bajadas, calles empinadas. Cagliari está
suspendida en lo alto de una colina, dominando la bahía de Los Ángeles.

El  casco antiguo de la ciudad, es una delicia. Interesante mezcla de
los edificios modernos rodeados de las más tristes y lúgubres calles. El
encanto de fachadas decadentes, donde parece que el tiempo se haya
detenido, se mezcla con balcones llenos de vida, ropa colgada y patios
repletos de flores. Macetas en las calles, majestuosos edificios salidos
de cualquier cuaderno de arte, olor a mar, a limpio, pero con aromas de
tristeza y decrepitud. Así es el casco antiguo de Cagliari. Uno de los
lugares más emblemáticos y preciosos de ver, es el Bastión de San Remy,
desde el cual se obtienen unas vistas inmejorables de la ciudad y el
puerto.

En la parte baja de la ciudad, la torre medieval, Torre dell´´ Elefante,
erigida a principios del siglo XIV, es otro de los monumentos que
merecen la pena verse. En la fachada de la torre, puede contemplarse el
relieve de un elefante que da el nombre a la torre.

La oferta gastronómica de Cagliari, se condensa básicamente en la zona
marítima, y en los alrededores de la calle Largo Carlo Felice.  Puedo
recomendar el restaurante L’Oca Bianca, en la Via Napoli, 38. Las pizzas
son de tamaño gigante, y la atención y servicio es la de un restaurante
de cinco estrellas, pero con precios más asequibles.

Para alojarse en Cerdeña, yo recomendaría los B&B, y concretamente
cerca de Cagliari, la Villa Patrizia sul Lago, en Capoterra. La
amabilidad de sus dueños, así como la amplitud de las habitaciones y los
precios muy asequibles, la convierten en una buena elección. Además
está enclavada en una urbanización con vistas a un pequeño lago.

Siguiendo una ruta cualquiera, se puede tomar la carretera que bordea la
isla por el oeste, la E-195 y disfrutar de unos paisajes increíbles.
Las formas caprichosas de las rocas, dan a los acantilados unos
espectaculares paisajes, donde el mar, se mezcla con la arena, las rocas
con las gaviotas, y una carretera  repleta de curvas, donde cada una
esconde un tesoro. Tan increíbles son las playas y las calas que vamos
encontrando, que hasta un rebaño de toros, se atrevieron a sentarse en
la arena y contemplar el verde turquesa del agua…Los paisajes del sur de
Cerdeña, más salvajes, más agrestes, más vírgenes, son de una belleza
espectacular. El pueblo de Teulada, era hasta hace poco un precioso
lugar de paso y de descanso, donde se podía contemplar cómo se vivía en
Cerdeña en la antigüedad. La modernidad, los nuevos tiempos, han
cambiado esta ciudad, y las casas de hace siglos, han sido substituidas
por modernas edificaciones que para nada conservan el sabor de antaño.

Enlazamos con la A-130 para dirigirnos hacia la localidad de Barumini.
Para reponer fuerzas, el restaurante  El alberg de la Lola, es la mejor
opción. Una casa antigua, un patio decrepito, pero una cocina exquisita.

En Barumini, se encuentra el Nuraghe Su Nuraxi, declarado Patrimonio de
la Humanidad por la Unesco. Entrada con visita guiada incluida, 7 euros.
Hay numerosos “Nuraguis” por toda la isla, pero si se debe de visitar
uno, este debe ser  el de Nuraxi. Dominando un pequeño llano, se alza
esta construcción construida sobre el 1500 a.C.  Una fortaleza, una
construcción que son diferentes las unas de las otras. Todo depende de
su importancia, de su situación. La de Nuraxi era una de las más
importantes de la isla, y el recorrerla por su interior, siempre que no
se tenga claustrofobia es impresionante.  Todo el complejo resulta de
una belleza increíble, aunque siempre habrá quien tan solo vea restos de
piedras de cientos de años de historia. Imprescindible.

Cerca de Barumini se puede uno alojar en Oristano. Ciudad con un centro
histórico precioso que debe recorrerse a pie. La plaza Eleonora D’
Arborea, es el lugar más pintoresco  y bullicioso de la ciudad. Una
buena opción de alojamiento es el Eleonora B&B,  situado en la misma
plaza. Las habitaciones son amplias, bien decoradas y el desayuno
completísimo. Muy buen precio. La Piazza Roma, corazón  de la ciudad,
alberga  la torre medieval, Torre di Mariano II, resto de las antiguas
murallas a las que estaba unida. Preciosa.  Cerca de Oristano esta la
Marina de Torre Grande. Un larguísimo paseo a la ribera del mar, lleno
de palmeras y de bares llenos de terrazas donde descansar del viaje
saboreando una buena cerveza.

En el Capo San Marco, extremo de la península Sinis, está Tharros. Un
espectacular enclave que alberga  el más importante yacimiento
arqueológico de la isla. Restos romanos, fenicios, un cementerio de
niños, y todo ello bañado por las aguas del Mediterráneo. Si se buscan
unas buenas fotos, las falsas columnas corintias simulando los restos de
un templo, proporcionan unas estampas increíbles. Lo único negativo del
lugar, la cantidad de diminutos mosquitos que acribillan a todo el que
se acerca a la parte más alta de la Necrópolis. Entrada 5 euros.

Al salir de Tharros se puede visitar la pequeña Iglesia de San Giovanni d ‘Anis. Una preciosidad del siglo IV a C.

La carretera 292 nos lleva a través de unas curvas zigzagueantes  a la
localidad de Bosa. Hay dos Bosas: la Bosa marina donde desemboca el
único rio de la isla, el Temo, y la Bosa interior, ciudad declarada
patrimonio nacional, que parece olvidada por el tiempo e ignorada por el
turismo de masas.  Su casco antiguo, medieval, es un enorme laberinto
de callejuelas donde el tiempo no pasa. Lo mejor de Bosa, es el castillo
genovés de Malaspina de Serravalle del siglo XII. El castillo, en lo
alto de una colina domina toda la ciudad, ofreciendo unas vistas de Bosa
preciosas. No es necesario entrar en él. Pasear por sus aledaños es
mucho más gratificante. Desde Bosa se puede seguir la carretera costera,
donde el mar sigue ofreciéndonos diversos tonos de agua, y llegar hasta
Alguero.

Alguero es una ciudad diferente, única, preciosa. Y en Semana Santa aun
más. Las calles del casco histórico están engalanadas con luces moradas,
y las farolas cubiertas con unas fundas de tela que al encenderse dan
un tono morado a su luz.

Pasa por ser la capital turística de Cerdeña, y realmente lo es. Rodeada
de olivos, eucaliptos y unas murallas medievales que han desafiado el
paso de los años, Alguero es una ciudad que merece un par de días para
descubrirla. La zona más concurrida es el amasijo de calles que forman
el antiguo casco medieval, repleto de tiendas y bares. Los paseos por
sus murallas, rodeando el puerto, o por la Via Garibaldi, bordeando las
playas y dejando que la brisa marítima empape nuestros pulmones, son una
preciosa forma de conocer la otra ciudad.

La ciudad tiene una gran influencia catalana, con los nombres de las
calles en italiano y catalán, fruto de la conquista de esta isla por la
Corona Catalanoaragonesa en el siglo XIV. El alguerés es la variedad
dialectal del catalán que se habla por estas tierras. Aunque hay
bastantes palabras y expresiones diferentes, la comunicación entre un
catalán y un sardo, es posible.

Alguero tiene varios edificios por ver, como la Catedral de Santa María,
donde en su interior se encuentra la imagen de la Moreneta; la iglesia
de San Francisco o la de San Miguel. Aunque la mejor y más recomendable
manera de conocer la ciudad, es perderse en ella, recorrer las calles
sin rumbo fijo, deteniéndose en cada esquina, en cada tienda, en cada
portal. La plaza Cívica, es el punto neurálgico de entrada y salida de
la ciudad medieval. La bandera nacionalista sarda es la llamada  “lo
quatro mori”, cuatro cabezas con un pañuelo en la cabeza.

Una buena opción de alojamiento lo ofrece el Hotel Alguer, en la Via De Giorgio, 12. Habitaciones sencillas pero económicas.

La punta norte de  Cerdeña, ofrece buenos paisajes, pero no tan agrestes
ni salvajes como los del sur. De visita imprescindible es la localidad
de Santa Teresa di Gallura, en el extremos más septentrional de la isla.
En días claros se puede divisar la isla de Córcega. La Torre di
Langosardo, una torre de vigía española, del siglo XVI, ofrece, además
de unas fotos preciosas, unas vistas sobre los acantilados de Córcega,
increíbles.  Hay que volver atrás hasta la localidad de  Palu y desde
allí  tomar un ferri, con el coche incluido y visitar la isla de La
Madalena. Esta isla da nombre a un pequeño archipiélago compuesto de 20
pequeñas islas e islotes.

Los ferrys parten cada 30 minutos, en un trayecto que dura unos 40
minutos. El trayecto de ida y vuelta cuesta 42 euros. El pueblo de La
Madalena es un bullicioso lugar de calles adoquinadas, plazas y un
precioso bulevar a lo largo de la Via Garibaldi bordeando el puerto.
Sentarse en una de las muchas terrazas de esta calle, y dedicarse tan
solo a pasar el tiempo con una buena cerveza, es una de las mejores
actividades que pueden hacerse.

La isla de La Madalena posee las mejores playas vírgenes que se pueden
encontrar en Cerdeña. No se sabrá en cual detenerse para poder darse un
pequeño chapuzón. En cada carretera se encuentra un lugar más hermoso
que el anterior, en cada rincón se encuentra el paraíso, en cada
esquina, se encuentra la postal más hermosa. También hay lugares para la
imaginación, para  contemplar varias enormes rocas que el paso de los
años ha ido moldeando y que les  han dado nombres como elefanta, águila o
monstro del Lago Ness.
La Madalena conecta con la Isla Caprera a través de un paso elevado.
Esta pequeña y frondosa isla, es el lugar adecuado para pasear y montar
en bicicleta. Si se llega por la mañana se puede visitar el Museo
Garibaldino, que es la residencia donde Giuseppe Garibaldi pasó los
últimos días de su vida. Los paisajes que se obtienen desde este museo,
son preciosos. No es extraño que el revolucionario italiano lo escogiera
como el lugar para terminar sus días.

Dentro de los paraísos, también existen paraísos privados. Y la Costa
Esmeralda, es uno de ellos. Con sus espectaculares costas del mar
Mediterráneo, sus colores y sus campos perfumados por  típicos
matorrales, Costa Esmeralda, es uno de los destinos favoritos de los
ricos y famosos de todo el mundo. Acceder a alguna de sus preciosas
calas, se convierte en tarea casi imposible, pues están rodeadas de
lujosas urbanizaciones, que han conseguido delimitar un trozo de paraíso
público, para uso particular.

Porto Cervo, es la capital de Costa Esmeralda. En su puerto deportivo,
es frecuente encontrar yates que quitan el sueño. El puerto, ya es un
espectáculo por sí mismo. La vida cobra forma al atardecer, cuando los
dueños de los yates se acercan a tierra y pasean por las calles repletas
de escaparates de las principales marcas de moda.

La carretera que bordea la Costa Esmeralda, desde Porto Cervo hasta
Olbia, va alternando numerosas calas de acceso exclusivo, con otras
publicas de difícil acceso. Costa Esmeralda. Un paraíso dentro de otro
paraíso. A mitad de camino entre Alguero y Costa Esmeralda, se encuentra
el pueblo más bonito de toda Cerdeña: Castelsardo.

Pueblo pintoresco enclavado en lo alto de una colina, dominando el mar;
pasear por sus empinadas calles y perderse por ellas, es una aventura,
una agradable aventura. En sus calles se pueden encontrar ancianas
artesanas que producen canastas y cestas de paja, juncos y rafia. Dicen
los folletos que es uno de los pueblos más bonitos de toda Italia, y tan
solo los que lo hemos visitado, podemos afirmar que es cierto. Hay
calles tan estrechas que ni el sol se atreve a entrar. Todo Castelsardo,
es un conjunto de sensaciones que ponen el broche final  a una isla
catalogada como el ultimo paraíso de aguas turquesas y cristalinas. En
las afueras del pueblo, se encuentra “la roca del elefante”, una
formación rocosa que el viento a modelado y se asemeja a la cara del
animal. Absurdo quizás que una roca con forma caprichosa sea una
atracción turística, pero los varios puestos de artesanía que se ubican
en la carretera frente a la roca, seguramente no opinan lo mismo. Para
comer, recomiendo  “La Guardiola” en la Piazza Bastione 12. Uno de los
mejores restaurantes de la ciudad, con unas vistas que hacen que la
comida sea tan solo un pequeño aliciente del lugar.

Yo me que quedo con las sensaciones miles de una isla que tiene la magia
de un edén. Quizás no pueda acceder a partes de este paraíso, que la
codicia humana ha reservado para uso exclusivo, pero me quedo con las
decenas de lugares y pueblos, que yo mismo he sido capaz de convertir en
únicos para mí. Cerdeña: Un paraíso…

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